El buen y el mal carácter

 Buen y mal carácter El buen carácter calla cuando debe callar (y eso no es ser débil). Calla y espera, cuando una imprudencia puede echarlo todo a perder. No gasta sus energías luchando contra la tempestad sin necesidad, sino que aguarda un poco a que haya calma.

El mal carácter dice abiertamente todo lo que le disgusta: expone con aspereza sus opiniones y hace enojosa la vida a los demás. Se olvida de que la prudencia debe regir el trato con los demás y que “el que dice todo lo que quiere, oirá también lo que no quiere”.

El mal carácter es desabrido. Corta las sanas distracciones. Es inexorable en la crítica. Destaca las menores faltas con reproches amargos. Se irrita a la menor contrariedad. Tiene una ironía mordaz. Cada palabra suya es como una puñalada. Desconoce el placer de darle la razón al contrario y ser complaciente. Es brusco, rencoroso, susceptible. Su mal viene de adentro y produce una doble desdicha; para él y para los demás. Y se va quedando solo y abandonado.

El buen carácter es alegre: suelta una serie de observaciones placenteras aunque la situación actual no sea la más agradable. Gusta del humor, del chiste oportuno. Sabe que lo que no se puede cambiar es mejor aceptarlo y seguir viviendo de la manera más feliz. No se dedica a pensar y pensar en un problema o disgusto que han llegado. Trata de solucionarlos, pero sin amargarse la vida por ello. Mantiene su pensamiento y su actitud lo más tranquilos y joviales posibles.

Cuando una persona conoce que no es necesaria, ni importante, ni deseable, pierde la alegría de vivir. Por eso quien posee su buen carácter llena su conversación de expresiones que demuestren a los que viven con él, que sí se les aprecia y se les considera importantes.

Por su pesimismo, el mal carácter carece de ideales; vuelve perezosos y tímidos a sus víctimas. El buen carácter es optimista. Sabe que no está luchando solo. Sabe que todo el poder y la inmensa bondad de Dios le acompañan todos los días de su vida.

Para conquistar las personas hay que conquistar ante todo su corazón. Las cosas se solucionan o se complican según el buen o mal carácter de quien las dirige. Por eso para una vida más feliz es necesario tener un buen carácter. Mejor carácter: mejor vida.

El físico nadie lo va a cambiar. Si nacimos eucaliptos, nadie nos va a convertir en sauces. Pero el espíritu sí se logra cambiar. Hagamos el ensayo. Ni siquiera imaginamos lo que ganaremos mejorando el carácter que tenemos.

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
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