¿Es posible la castidad?

¿es posible?

Algo inverosímil ocurre en nuestro tiempo…

Hoy en día el mundo es caldo de cultivo de las más trastornadas doctrinas… que muchos quieren oír. Por eso, con el terreno preparado por el cine y la literatura New Age, y los oídos (y las almas) acostumbrados al desenfreno y a la necedad por el hedonismo y el relativismo, hemos llegado al punto que muchos de nuestros contemporáneos no se sorprenderían si la próxima semana el planeta amanece gobernado por extraterrestres, o si encuentran el difunto espíritu de algún ilustre antepasado desayunando en su cocina. Esto, dentro de todo, es parte de la ensalada que reciben cada día a través de los medios.

En cambio, quedarían atolondrados, fastidiados y molestos si alguien intenta hablarles de castidad o pureza. ¡No son tiempos, estos, de zonceras!

…Es la virtud exiliada:/

El destierro de esta virtud ha llegado a la misma educación infantil. Lo demuestra el hecho inauditamente doloroso de constatar que ya no luchamos para impedir el aborto o la esterilización en la socieda d, sino para que los padres conserven el derecho de decirles a sus hijos que sean virtuosos, o de modo más crudo pero no irreal: que sus maestros no les enseñen que fornicar está bien, o les instruyan cómo hacerlo sin tener hijos (por justicia habría que añadir también que muchos maestros y profesores honestos están en el lado correcto de la batalla, y no quieren ser obligados por las

autoridades superiores a cooperar en esta verdadera deformación de las conciencias de sus alumnos). Muchos gobiernos pelean actualmente como energúmenos para imponer —con una fuerza e intolerancia tan proverbial como la de los más renombrados totalitarismos históricos— una educación que convenza a la niñez y a la juventud de que ser castos es anormal y enfermizo; y que lo normal es ser un sinvergüenza (respetando el sentido etimológico de la palabra) y llevar una libertad sexual exenta de límites morales y de consecuencias sociales (es decir, embarazos) y sanitarias.

En esta época que tanto exalta a los “jóvenes idealistas” del pasado, y que si realmente hubiesen sido tales, habrían debido encauzar su idealismo a mejores puertos, me tomo el atrevimiento de dirigir estos pensamientos a los muchos jóvenes y adultos que aún en nuestros días no han perdido la capacidad de forjar en sus corazones un ideal sublime.

A ellos quiero decirles que la castidad es posible y es necesaria; además, es cautivante.

Miguel A. Fuentes

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s