¿Son reales los milagros?

Milagros La cuestión del milagro se plantea y, de hecho, la fe cristiana afirma que Dios ejerce poder sobre el mundo y verdaderamente puede hacer algo.
La pregunta primaria no es hasta qué punto deben transgredirse para ello las leyes naturales o si éstas llevan implícitas en su seno las variantes que Dios puede aprovechar. En efecto, hoy vemos cada vez con más claridad que sólo conocemos las leyes de la naturaleza como reglas de aplicación.

En última instancia, no podemos definir qué es la naturaleza misma, ni cuál es la envergadura de las leyes naturales. Es
importante considerar que, después de haber terminado la creación, Dios no se retiró. No se retiró en el sentido de:
«Bueno, ahora la maquinaria funcionará tal como ha sido ajustada para siempre». No, Dios puede obrar aún. Sigue siendo
el Creador y, en consecuencia, siempre tiene la posibilidad de intervenir.
No debemos convertir esto en una idea supersticiosa y prodigiosa, como si los milagros pudieran provocarse. No cabe
extraer recetas baratas de ello. Pero tampoco se debe ser un sabiondo racionalista y pretender prescribir a Dios lo que puede hacer.

He leído un comentario muy interesante sobre esta cuestión. Es de un libro sobre el teólogo evangélico Adolf Schlatter, que era un hombre muy creyente. Schlatter fue llamado a Berlín cuando impartía clases allí Adolf von Harnack, el gran teólogo liberal. De ese modo, la Iglesia evangélica pretendía compensar un poco el liberalismo de Harnack.
Harnack era un hombre realmente noble. Pese a que la llegada de Schlatter suponía un golpe contra él, lo acogió
muy positivamente y, bueno, dijo que también había que aceptar esas cosas y que ya se entenderían. Y la verdad es
que su colaboración fue buena.

En cierta ocasión, en una reunión, cuando alguien aludió a las diferencias de opinión
entre ambos teólogos, Harnack replicó:

«A nosotros dos, al señor Schlatter y a mí, en realidad sólo nos separa la cuestión de los milagros».

A lo que Schlatter le interrumpió de inmediato exclamando:

«¡No, la cuestión divina!».

Porque la cuestión de los milagros plantea la cuestión divina. Quien no reconoce los milagros tiene otra imagen de Dios.
Yo creo que eso es dar en el clavo. No se trata de si se puede reconocer como milagro este o aquel suceso extraordinario. Se trata de que Dios sigue siendo Dios. Y de que de la forma que quiera y sea buena para el mundo, cuando Él desee, puede seguir manifestándose en el mundo como Creador y Señor.

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
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