A lo romano

La devoción que le mostraban sus soldados, confirmada en muchos relatos, debe ser cierta.

Julio César, a los ojos del escultor neoclásico Nicolas Coustou (1658-1733) Museo del  Louvre , París Julio César no habría conseguido tanto sin ella. La arenga con la que siempre se afirma que sofocó un motín con una sola palabra, llamando a sus hombres no camaradas soldados como era su costumbre, sino ciudadanos, civiles, muestra mucho más sus métodos que el mero uso acertado de un término.

Era un momento muy crítico para él. Estaba en Roma después de la derrota de Pompeyo  a punto de punto de zarpar rumbo a África a fin de derrotar al poderoso ejército senatorial. En la ciudad estaba rodeado de enemigos acérrimos. Dependía pro completo de su ejército y la mejor y mas fiel de sus legiones se había amotinado. Los soldados estuvieron a punto de asesinar a sus oficiales

Marcharon a Roma y reclamaron su licencia; ya no servirían más a César. Este mandó a buscarlos, diciéndoles que trajeran sus espadas, una orden característica suya. Todo lo que se cuenta de él muestra su despreocupación por el peligro que pudiera correr. Cara a cara con ellos, les pidió que expusieran su caso y escuchó mientras le contaban todo lo que habían hecho y sufrido, lo poco que les habían recompensado por ello y su exigencia de ser licenciados.

Su discurso como respuesta fue también característico, muy cortés, breve y yendo al grano:

“Decís bien, ciudadanos. Habéis trabajado arduamente y habéis sufrido mucho. Deseáis ser licenciados y os lo concedo. Todos estáis licenciados. Tendréis vuestra recompensa. Jamás se dirá de mí que os utilicé cuando estaba en peligro y os mostré ingratitud cuando ese peligro pasó”

Eso fue todo, pero los legionarios al escucharlo cambiaron completamente de voluntad. Gritaron que jamás lo abandonarían; le imploraron que los perdonara, que los volviera a admitir como soldados. Detrás de las palabras estaba su personalidad y, aunque esta no puede recobrarse nunca, nos llega algo de ella a través de las oraciones breves y directas: la fortaleza que arrostraba tranquilamente la deserción en un momento de gran necesidad; el orgullo que no expresaría una palabra de súplica o reproche; la sutil tolerancia de quien conocía a los hombres y no contaba en absoluto con ellos.

 Extraído de: “The roman way”

Edith Hamilton, 1932

El río fluye con gran fuerza, a veces inundando sus orillas y causando un daño indecible. Si tratas de represarlo, solo aumentarás su energía contenida y elevarás tu riesgo. En cambio so desvías su curso y lo canalizas, conseguirás que su fuerza cumpla tus objetivos. Las 33 estrategias de la Guerra, Robert Greene

Al igual que las gotas de agua que caen sobre la roca y la desgastan, los débiles y complacientes pueden someter a los firmes y fuertes. ~ Sun Haichen.

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
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