El buque fantasma

Buque Imaginemos un trasatlántico moderno que surca el mar a gran velocidad y con gran precisión, pero… sin destino.

Dentro del mundo de la embarcación, todo es lógico e inteligente; los engranajes, émbolos y bielas transmiten a las hélices del barco el potente movimiento de los motores que se someten dócilmente a las órdenes del comandante, así como los marineros y empleados de a bordo, se entregan con afán a las tareas que les corresponden. La variedad de las comidas, la más exquisita comodidad, las relaciones sociales, el amor, el juego, deportes y diversiones distraen admirablemente a los pasajeros. Parece un pequeño paraíso. Por dentro del casco del barco, el régimen de vida es ideal, sin embargo, vistas las cosas por fuera, todo es absolutamente irracional si el barco va a la deriva, sin destino fijo.


Cuanto más inteligente y divertido sea el género de vida del que vive así, más irracional será. Precisamente porque esta placentera existencia es lo que le hace olvidar su conducta ilógica, igual que el paranoico se auto convence y se calma con «argumentos inteligentes», enmascarando y ocultando su locura. Y así es; una verdadera locura: un día cualquiera, sin saber cuál ha de ser concretamente, los motores se paran por falta de combustible y todos son engullidos por las olas.


Hay muchos que se evaden embarcándose en un modelo de vida semejante al de este buque fantasma. Elaboran un proyecto existencial cerrado en sí mismo, seguro, como un casco de acero, y en él embarcan: con autonomía de navegación, con una potente maquinaria de motivaciones, con perfectos engranajes de comportamientos y metas. Cada ocupación, cada hora de estudio y de trabajo, cada acción y cada esfuerzo están subordinados a una serie de fines escalonados: adquirir una determinada aptitud profesional, un nivel económico, una proyección social, lograr un ámbito de prestigio o influencia, satisfacer sus necesidades intelectuales, afectivas y sexuales, fundar, tal vez, una familia, crear una empresa… y ser feliz con todo eso. Pero con todo eso, si a ese mecanismo perfectamente programado le falta su fin último, le falta Dios, será un barco sin puerto, algo absolutamente irracional.

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
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