Grandes Frases XI

Frases célebres de la Madre Teresa de Calcuta:

La paz comienza con una sonrisa.Madre Teresa de Calcuta

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.

Si puedes quitarte el miedo, ya habrás hecho mucho. Es algo muy grande dejar de temer. Hay que confiar en Dios y en la vida y sacarse los temores que nos enturbian y enferman desde hace años.

Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

El amor, para que sea auténtico, debe costarnos. 

Nada es demasiado insignificante. Somos tan pequeños que miramos todo desde una óptica de pequeñez. Pero el Señor, siendo todopoderoso, ve hasta lo más pequeño como grande.

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz.

No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar.

Dios solo habla en silencio. El silencio es reflexión.

La familia que reza junta, permanece junta.

Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más.

Si realmente amamos a Cristo, no puede haber dudas. La mente interviene y sólo el amor hace desaparecer los disturbios.

Podemos transitar por los lugares más terribles sin temor, porqué Jesús en nosotros nunca nos decepcionará. Jesús es nuestro amor, nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestra compasión.

Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite.

Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.

Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. Y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios.

No deis sólo lo superfluo, dad vuestro corazón.

No hay que cambiar la religión de los hombres, sino su corazón.

Lo que importa es cuanto amor ponemos en el trabajo que realizamos.

En la vida actual hay demasiado ruido, y eso hizo que la gente llegue a temerle al silencio. Saben que si se callan, van a escuchar de verdad y eso a veces suele ser muy doloroso.

Jesús es mi Dios, Jesús es mi Esposo, Jesús es mi Vida, Jesús es mi único Amor, Jesús es todo mi ser, Jesús es mi todo.

Amo a todas las religiones, pero estoy enamorada de la mía.

Nuestra conciencia es sabia y no resiste el engaño. Se debe pedir perdón y saber perdonar.

Todas las noches antes de dormir debemos realizar el examen de conciencia, por si fuera nuestro último día.

No hay nada que tener miedo a escuchar las verdades que están en nuestro interior.

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

El amor de Cristo siempre es más fuerte que el mal en el mundo.

Cuanto menos poseemos, más podemos poseer.

Sin nuestro sufrimiento, nuestra tarea no diferiría de la asistencia social.

En el fondo todo creemos. Algunos se resisten porque no están dispuestos a un cambio. El dice que no cree, ya está abrazando la idea de una creencia.

Mi sangre y mis orígenes son albaneses, pero soy de ciudadanía india. Soy monja católica. Por profesión, pertenezco al mundo entero. Por corazón, pertenezco por completo al Corazón de Jesús.

Hemos sido creados para grandes destinos. Sólo tenemos que comprenderlos.

A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

Si supieran cuán solo están los jefes de estados y los que se creen importantes, allá arriba en sus cimas de poder. En realidad, no saben en quién confiar.
Yo les digo que confíen el Altísimo y en sí mismos, pero que obren bien, pensando en la sociedad y no en su propio interés y egoísmo. Lo he visto con lágrimas en los ojos, y las voces entrecortadas, hablarme de sus soledades y de su necesidad desesperadas de fe.

Encontré una mujer moribunda en las calles. La traje a nuestro hogar. Cuando la acosté a una pequeña cama, me sonrió, tomó mi mano y dijo una sola palabra. “Gracias”. Luego murió. Ella me dio mucho más de lo que yo hacía por ella. Me dio su gratitud.

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
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