El Gran Dictador

Charlie Chaplin: El Gran Dictador, 1940:

“Realmente lo siento, pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar, ni conquistar nada de nada. Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos, negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua…no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente…”

El británico Charles Chaplin, vivió su época dorada en Hollywood desde que de joven emigró a Estados Unidos hasta el año 1952, en que debido a la caza de brujas de McCarthy, dejó este país para instalarse definitivamente en Suiza. Su cine nunca fue complaciente con el “american way of life”, y la que nos ocupa aquí empezó a labrarle enemistades en Hollywood y entre los del Comité de Actividades Antiamericanas.

Esta es una gran película en la que Chaplin, hace una aguda sátira del nazismo y su manera de ser absurda en sí misma. Chaplin confesó años después: “Si hubiera sabido de los campos de concentración alemanes, no podría haber hecho ‘El gran dictador’. Nunca hubiera tomado a broma la demencia homicida de los nazis. Pero sí estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura”. Toda la película es una magnífica sátira del nazismo, supo mostrar la ridícula manera de ser de aquel horrible dictador y el no menos horrible Régimen nazi en escenas antológicas: el baile con el globo terráqueo, el tren en la estación que no acaba de parar… Y no menos fue el discurso final de Chaplin, que olvidaba decirlo, interpreta dos papeles: su vagabundo es aquí un humilde barbero, que en la Primera Guerra Mundial queda amnésico y cuando sale del Hospital, su país, Tomania, está oprimido por el terrible Astolfo Hynkel, también interpretado por Chaplin, en una admirable variedad de registros. Le acompañan Hanna (Paulette Goddard, entonces esposa de Chaplin), enamorada del barbero; y los habitantes del ghetto judío de la ciudad. Chaplin produce, dirige, escribe y compone la banda sonora. Un maestro para todos los cineastas.   Y no nos olvidemos de su inolvidable y sincero discurso final:

“…¡Vosotros no sois máquinas!¡Vosotros no sois ganado!¡Vosotros sois hombres!¡Vosotros lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! No odiéis. Sólo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales….Soldados, ¡no combatáis por la esclavitud! Combatid por la libertad. En el capítulo 17 del evangelio según San Lucas está escrito: “El reino de Dios está en el hombre mismo”. No en un solo hombre, ni en un grupo de hombres, ¡en todos los hombres! Y ¡vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad.”

Para leer este discurso final completito:

AQUI

y para verlo en Youtube:

AQUI

Acerca de L. Ricardo

Hombre feliz, interesante, divertido... por supuesto inteligente... ambicioso, soñador, melómano, amante de los animales y fanático de la auto-superación, en mi tiempo libre soy un entusiasta interconectado y blogger domingero
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